TORRES BLANCAS / FRANCISCO JAVIER SÁENZ DE OIZA / MADRID

Construido entre 1964 y 1969, es considerado el mejor ejemplo del organicismo español de la época y, para muchos, es uno de los mayores logros de este estilo que pueden encontrarse en el mundo.

Se trata de una obra maestra del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oíza, diseñada en colaboración con Juan Daniel Fullaondo y Rafael Moneo, entonces miembro del equipo del prestigioso arquitecto. La realización es un vivo ejemplo de la colaboración entre Sáenz de Oíza y la constructora Huarte (hoy fusionada en OHL), también concretada en otro edificio emblemático de la ciudad de Madrid, la torre del BBVA en el paseo de la Castellana, inaugurada en 1981. Ambas fueron realizaciones enormemente influyentes en la arquitectura de la ciudad durante esas dos décadas y cuentan con la admiración y el reconocimiento por parte de la comunidad internacional de arquitectos.

Situada a la entrada de Madrid por la Nacional II, el edificio se encuentra en la calle Corazón de María, número 2 esquina con Avenida de América, número 37. Oiza quiso hacer un edificio de viviendas singular, muy alto, que creciera orgánicamente, como un árbol o como un conjunto arbóreo, recorrido verticalmente por escaleras, ascensores e instalaciones, como si fueran venas o vasos leñosos que unían las viviendas con el suelo. La única torre de hormigón visto en que se plasmó la idea original, despliega una concepción organicista: conjunto de elementos verticales de apariencia arbórea sobre los que se abren miradores y terrazas con núcleos de jardines, al modo de Le Corbusier.

El edificio de hormigón se expande en la parte alta como la copa de un árbol, abriéndose en varias plataformas circulares, de manera que toda la forma exterior responde al trabajo para establecer un nuevo diálogo entre arquitectura, jardín interior y paisaje. Sólo fue una torre y en hormigón visto, pero la idea encuentra expresión clara, las fachadas transmiten la idea del crecimiento arbóreo, con las terrazas curvas agrupadas como las hojas en la rama, en este caso los muros. La planta es aún más reveladora. Está llena de cilindros que parecen secciones de músculos recorridos por las venas. Es en estas plantas en las que aparece el Oiza habilidoso que desarrolla una sintaxis barroca. Su vocación urbanística es indudable, con independencia de su enorme riqueza como objeto arquitectónico y su importancia como meditación tipológica y tecnológica.

La torre tiene 23 plantas destinadas a viviendas y oficinas. En cada planta se agrupan cuatro viviendas y combinan formas rectangulares y circulares en las habitaciones, de manera que los propietarios pueden contar millares de anécdotas sobre las dificultades para colocar muebles convencionales junto a paredes curvas. La torre, diseñada con toda clase de comodidades, cuenta con plantas simples, dúplex y apartamentos. La distribución de las viviendas muestra agrupaciones de dormitorios y baños o de cocina y de salones, con terrazas de formas curvas que no llegan a tocarse, permitiendo que la luz se filtre a través de ellas, matizadas por la vegetación. Las dos últimas plantas en lo alto del edificio albergan un restaurante y una piscina rodeada de una azotea con jardines. Entre las instalaciones acometidas se encuentran no sólo las conducciones de agua, gas o cableado habituales, sino también, por ejemplo, tubos independientes de monta-comidas o bajada de basuras.

La estructura de hormigón armado formada a base de grandes losas circulares en voladizo, sin pilares, originando balcones con celosías de madera que dan forma a una estructura arbórea que alberga a lo largo de su desarrollo diversas oportunidades para habitar. Son las paredes externas y la estructura vertical interna los elementos que garantizan las funciones de sustentación. La geometría circular favorece tanto el movimiento como la rigidez de las pantallas de hormigón que conforman su solidez estructural y acaban dando forma a los espacios vacíos, a la planta libre y a los elementos de servicios. Su imagen característica son los esbeltos cilindros formados por terrazas semicirculares, en ocasiones retranqueadas, alternados por lienzos planos verticales. La torre está rematada en su parte superior por doce discos de 10 metros de diámetro, que albergan el llamado núcleo social.

El edificio es, en gran parte, resultado del anhelo de unir en lo posible los aspectos funcionales, resistentes y estéticos de su estructura, logrando huir de soluciones tradicionales, tanto en su fachada como en el interior. Así, los lienzos ciegos de fachada cumplen perfectamente como elementos sustentantes sin disfrazarse de pilastras, las terrazas se incorporan también a la estructura resistente y las cajas interiores, todas cilíndricas, cumplen la doble función de albergar escaleras de caracol y ascensores y servir de columna vertebral resistente del edificio.

 

ENLACES:

http://www.plataformaarquitectura.cl/2009/03/26/torres-blancas-francisco-javier-saenz-de-oiza/

En este artículo se pueden apreciar los numerosos detalles del interior del proyecto:

http://revisioninterior.blogspot.com.es/2010/01/torres-blancas.html

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