Museo Judío / Daniel Libeskind / Berlin

“El vacío y la ausencia” es la premisa de la que parte Libeskind para realizar el proyecto del Museo Judío de Berlín, siendo estos la consecuencia más directa de la desaparición de miles de personas. La sensación de vacío es de la que parte el proyecto, y “Entre líneas” es el lema del mismo.

El edificio se ubica en una zona del antiguo Berlín occidental, ya que el proyecto se inició en 1991, antes de la reunificación. El museo, que ocupa un área de 15,000 m2, consta de dos partes: el Kollegienhaus, un edificio barroco del siglo XVIII, y un edificio contemporáneo de planta zigzagueante. La forma quebrada del edificio representa la tortuosa historia de los judíos en Alemania, pero también es una estrella de David desdoblada, respetando siempre la presencia de árboles existentes.

El edificio principal se halla completamente cubierto por una capa de zinc cuyo color irá variando gracias a la oxidación, mientras que la Torre del Holocausto, un bloque separado, está hecho en hormigón. Pero sin duda el aspecto más llamativo en la fachada del edificio son los cortes que atraviesan la piel metálica en diferentes direcciones. En realidad, estas líneas representan ubicaciones y direcciones de importantes judíos en Berlín, que fueron dibujadas en un mapa y luego proyectadas sobre la fachada del edificio.

El edificio tiene una planta subterránea y cuatro sobre el nivel del suelo. Estas últimas son iguales entre sí salvo la superior, que alberga oficinas y tiene una distribución diferente. La entrada al Museo Judío está en una construcción con planta romboidal situada dentro del edificio antiguo del Museo de Berlín. Consiste en una bajada que se realiza por unas escaleras poco iluminadas y con los escalones oblicuos, de manera que transitar por ellos es complicado. Esta bajada conduce al sótano del edificio, el cual está compuesto por unas salas que no están abiertas al público y por tres pasillos rectos que se cruzan formando ángulos no perpendiculares, de manera que la orientación por ellos se complica. El suelo de estas travesías está inclinado, y en el techo hay ráfagas de luz artificial que ayudan la orientación. Éste es de color negro para dar más contraste a estas luces, las cuales son las únicas que hay. Uno de estos pasillos conduce a la “Torre del Holocausto”, otro al “Jardín del Exilio” y el tercero a unas largas escaleras ascendentes que comunican con las plantas del museo.

En la planta del sótano se evidencian los tres ejes simbólicos de la composición. En la primera planta se da la comunicación entre estos ejes y la forma general del edificio. En el segundo y tercer nivel se evidencia la circulación tortuosa y los 6 elementos vacíos alineados, que son iluminados con luz cenital y alineados de forma discontinua. La última planta está dedicada a oficinas, por ello goza de las ventanas más amplias Sin embargo,  el vínculo entre ambos se da a través del volumen de la escalera, una caja de hormigón visto que atraviesa todo el edificio antiguo. Este volumen simboliza la relación entre judíos y alemanes: nunca fue franca, abierta, integrada, sino oculta, subrepticia y sin estética, pero estuvo allí de todos modos. Esta caja genera un espacio de escala monumental, que luego se comprime en una serie de galerías, jugando así con el recurso de comprimir y expandir el espacio.

Tres líneas subterráneas, llamados “ejes”, diferentes a la forma zigzagueante del edificio, definen el concepto general de la obra y simbolizan tres aspectos de la experiencia judía en Alemania: continuidad, exilio y muerte. El Eje de la Continuidad es el único que conduce a las galerías del museo. Tras recorrer el pasillo del eje, remarcado con una iluminación en el cielo raso, el espacio se abre verticalmente en una caja de escaleras, alcanzando toda la altura del edificio y brutalmente cruzada por vigas diagonales. El Eje del Exilio conduce a un jardín exterior fuera de los límites del edificio, compuesto por 7 x 7 columnas de hormigón que sostienen jardines en la parte superior, destacando la forma tan similar que tienen Libeskind para representar el exilio y Eisenman el Holocausto. Son bloques de hormigón dispuestos en una grilla que los visitantes deben recorrer y experimentar. El Eje del Holocausto es otra área de exhibición que concluye en una puerta negra tras la que se encuentra la Torre del Holocausto, una habitación oscura de 24 m de altura iluminada únicamente por una rendija en la parte superior. El silencio, la oscuridad, la escala de la habitación producen un efecto sumamente sugestivo, que resalta la intención del arquitecto en resaltar el carácter de ausencia que significó el exterminio de comunidades enteras de judíos.

Además de los ejes existen seis torres vacías de concreto, que figuran en el interior como unos bloques de color negro. No hay nada en ellas, y sin embargo conectan todos los niveles del museo, representando la ausencia de los judíos. Sólo una de ellas es accesible, llamada “el Vacío de la Memoria”, que contiene una instalación de Menashe Kadishman, consistente en 10000 caras de hierro similares a candados sobre los que el visitante debe caminar, produciendo un ruido metálico aterrador.

Gracias a la iniciativa popular se abrió al público cuando todavía estaba vacío. La afluencia de visitantes fue enorme y se convirtió en uno de los primeros museos de la historia que se abre para mostrar solo la arquitectura  dejando en un segundo plano al contenido expositivo, siendo capaz de transmitir experiencias que ningún museo convencional sería capaz. Es el espacio y sus relaciones y recorridos los que hablan y trasmiten, lo que se expone es vacío, ausencia, recorrido y sensaciones de los mismos.

ENLACES:

http://daniel-libeskind.com/projects/jewish-museum-berlin/images

http://www.plataformaarquitectura.cl/2012/01/19/plataforma-en-viaje-museo-judio-de-berlin-daniel-libeskind/

Análisis del museo en su décimo aniversario:

http://daniel-libeskind.com/news/jewish-museum-berlin-celebrates-its-10th-anniversary

Vídeo sobre las premisas del proyecto, con aclaraciones del propio Libeskind:

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